Un recorrido desde nuestra fundación hasta hoy.
Un grupo de profesionales de la salud y personas con experiencia personal en procesos de recuperación se reunieron con un objetivo común: crear un espacio digno, cálido y efectivo para quienes luchan contra las adicciones en Durango. Así nació la idea de Alas de Vida.
Tras meses de preparación, formación del equipo y adecuación de las instalaciones en Calle Canoas 236, Zona Centro, Alas de Vida abrió sus puertas al público. Los primeros pacientes llegaron acompañados de sus familias, cargando historias difíciles y también mucha esperanza.
Se incorporaron al centro un psiquiatra, una nutrióloga y un instructor de actividades físicas. El programa se fortaleció con arte terapia y sesiones de box, dando forma al programa integral que hoy distingue a Alas de Vida.
Alas de Vida continúa su camino con el mismo propósito del primer día: acompañar a cada persona en su proceso de recuperación con dignidad, profesionalismo y esperanza. Cada paciente que recobra su vida es nuestra mayor motivación.
Brindar atención integral, humana y profesional a personas con adicciones, acompañándolas con dignidad en su proceso de recuperación y reintegración a la vida plena.
Ser el centro de rehabilitación residencial de referencia en Durango, reconocido por sus resultados sostenidos, su calidez humana y su enfoque integral en la recuperación.
Cada integrante del equipo asume un compromiso personal y genuino con el bienestar de quienes confían en Alas de Vida. No es solo un trabajo: es una vocación.
Tratamos a cada persona con dignidad, sin juicios, reconociendo su historia y su lucha.
Actuamos desde la empatía genuina, acompañando con calidez en los momentos más difíciles.
Aplicamos conocimiento y ética en cada intervención terapéutica y médica.
Reconocemos la dimensión espiritual como parte fundamental del ser humano.
Creemos firmemente en la capacidad de cada persona para recuperarse y transformar su vida.
La privacidad de los pacientes y sus familias es sagrada para nosotros.